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ENTREVISTA PARA ARTEZ

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De entre los distintos nombres que se barajan para denominar este arte, Diego saca “al azar” y con los ojos vendados justo el que prefiere, “Cuentista”. No podía ser de otro modo, la picaresca le corre por las venas y además, le pagan por hacer del “engaño” un arte que entretenga y sorprenda -aun a sabiendas de que hará trampa.

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¿Por qué te subes a un escenario?
La primera vez por hacer algo “diferente”, desde entonces para hacerlo cada vez mejor. Siempre tuve pajaritos en la cabeza y una cierta aversión a seguir caminos trillados, tenía su lógica que subiera.
Seguir ahí ya es cosa de psiquiatra, sabe a montaña rusa sin homologar -solo es apta para aguerridos autónomos- y es para goce propio, no un acto de generosidad. Que al público le guste o incluso le encante lo que haces, es maravilloso, pero que te “llene” a ti, no tiene precio.
¿Cómo fue que comenzaste a contar?
Estaba razonablemente contento con mis juegos de magia, la presencia escénica que iba desarrollando y mis globos, pero llegó una de esas crisis cíclicas que te hacen replanteártelo todo. Lo que hacía llevaba mi sello, pero para quien se siente creador, es mucho más sabroso el aplauso que dan a tu obra, que a la que interpretas de otro.
René Lavand, que ya era mi mago favorito, acompañaba su magia de historias que la hacían mucho más impresionante y emotiva, y mis presentaciones se alejaban bastante de la retahíla de bromas y chistes típicos de los magos. Además tenía a Carles García y “los cuentos de la Luna” resonando en mis oídos, así que me dejé contaminar. Empecé a modelar mis charlas en forma de sucedidos y cuentos, vestí con ellos mis magias, y saque a pasear mi voz de “bajo profundo”.
¿Cuáles son pues las señas de identidad de tu trabajo?
Básicamente, lo que me diferencia de otros narradores es que voy haciendo magia mientras cuento historias, pero también la personalidad con que engancho al público, cómo estructuro los espectáculos, o el tipo de humor. Mis relatos tienden a la sátira. En general divierten, pero que el público perciba esa retranca o no, es un añadido. Me encantan por ejemplo las risas de los adultos en un espectáculo infantil mientras los chavales les miran y piensan “¿De qué se ríen?”
¿Cómo “cocinas” tus historias?
Es la parte más difícil, el proceso puede llevarme días o años. Para mí, historias y magia han de estar bien empastadas, no quiero adornar cuentos con efectos especiales. Procuro que queden equilibradas en el conjunto de la actuación.
Y como es difícil encontrar relatos que se adapten a mi personaje o a las exigencias de los efectos mágicos, las más de las veces hago de escritor, o invento juegos para ilustrar una buena trama que se me ocurre o encuentro.
¿Cómo es la experiencia de mezclar magia y narración oral?
La acogida del público es muy buena, es mi repertorio más personal, diferente al de cualquier otro. Tengo la sensación de estar haciendo lo que soñé.
Aunque si se busca ver cómo aparecen palomas, se manipulan cartas, o se cuentan historias etnográfica y emocionalmente correctas, mejor visitar el museo del corsé.
¿Qué tipo de público prefieres?
De 4 años en adelante, con ganas de pasar un buen rato y si es participativo y agudo, mejor que mejor. Últimamente llevan niños de teta a los espectáculos y a menudo te encuentras con un coro de llantos, o algún gateador escaneando el escenario. Sin comentarios.
¿Cuales son para ti las condiciones ideales para contar?
Las que más disfruto son las salas pequeñas, hasta 20.000 personas o así. Un espacio escénico cercano, sin focos que me cieguen, me gusta ver al público. Pero me ha tocado casi de todo. Actúo mucho en calle y he aprendido a jugar con las condiciones existentes para sacarles el mejor partido. Sería ideal trabajar en circuitos de pequeños teatros, pero no tengo pedigrí.
¿Es posible formarse para contar?
Creo que para quien busca llegar a ser artista, formarse es parte de un camino que nunca acaba. Aunque a veces, pienso que si tras varios miles de horas de empeño sigo necesitando prepararme, es porque soy torpe.
Investigar, leer, imaginar, ensayar, ir al logopeda, a cursos de expresión corporal, de teatro, de clown, de improvisación, etc. Ahora hay variedad y todo aporta. Dependerá de la finalidad que se busque contando y las aptitudes de cada uno. Es muy versátil el cuento, y hay quien en un par de cursos se pone al día. Envidia me dan.
Creo que el próximo al que acuda, será de mercadotecnia.
¿Cómo ves este oficio de vivir del cuento en la actualidad ?
Ahora, con el melón abierto hay mucho moscón, y tanto lunes al sol hace que surjan vocaciones hasta en el seminario. La competencia desleal de muchos políticos nos acosa; nadie les ha pedido que le den visibilidad a esto de vivir del cuento, y están transmitiendo la falsa idea de que se consigue sin trabajo ni honradez.
Afortunadamente no tenemos industria que pueda erearnos, las administraciones hacen pocas cosas pero las anuncian mucho, y también ayudan alimentando la cantera. Así tenemos más ocio y tiempo libre.
En definitiva, que está complicado, como siempre.
¿Cómo gremio cuáles serían nuestras prioridades en tu opinión?
La narración, como una de las más antiguas expresiones artísticas, debería encontrar mejor acomodo entre las artes escénicas. Para ello deberíamos entre todos: Dejar de subir al escenario sin la necesaria preparación. Utilizar la creatividad para algo más que los currículos. Abrazar la crítica como herramienta de progreso. Reemplazar el “a las 19.30 Cuentacuentos” por nuestro nombre y el título del espectáculo si lo tiene. Procurar una remuneración adecuada para abandonar la alegalidad, pues aunque nos facture “un colega” a corto, a medio plazo es inevitable y al precio que se paga, no llegaremos nunca a jubilarnos.
Los festivales también debieran de aportar dando un salto cualitativo. Los cachés por ejemplo, tienen una “tarifa plana” que suele penalizar al que paga a Hacienda. Será más cómodo para ellos, pero no se adecua al resultado y valía de cada cual. De los que pagan y cobran en currículum, ni hablo.
Una anécdota
Tras 18 años viviendo del cuento, del aire y de ilusiones, aun sigo encontrándome conocidos que al desgaire me preguntan ¿Sigues con “tus cositas”?


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VITORIA, CAPITAL EUROPEA DE LA MAGIA

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Así de entrada puede sonar un poco pretencioso pero bien pueden sacar pecho por ello. Las grandes ciudades tienen más fácil el ser reconocidas como capitales de algo y una relativamente pequeña, tiene que repetirlo no sólo para que  a las demás les vaya entrando, sino para creérselo ella misma. La ciudadanía de Vitoria -en general- tiene criterio   a la hora de ver magia, saben lo que les gusta y no les vale cualquier cosa. No en vano en esta edición de Magialdia ha habido más de 50 espectáculos, la mayoría en la calle y gratuitos, donde se ha podido ver a algunos de los mejores de nuestro arte. Todas las actividades estaban abarrotadas de un público que a pesar de la intermitente lluvia, aguantó  a pie firme disfrutando de los espectáculos.

Los magos de la AIA llevan más de 20 ediciones ofreciendo sus propuestas y este año han conseguido un gran reconocimiento, siendo Patxi Viribay como director del festival, el encargado de dar el pregón de las fiestas de “La Blanca”. Vistieron de magia la bajada del Celedón con efectos ideados para la ocasión por Josean, y rodeados por un montón de voluntarios, consiguieron que el XXI Magialdia fuera un nuevo éxito. Y lo fue porque se cuidaron los detalles que no se ven, los previos para conseguir apoyos, con los artistas para que sintieran que participaban en algo especial y los del último minuto para que nada fallara. Interesaron a los medios y éstos alimentaron la expectación de un público que luego acudió en masa e hizo patente que la buena magia gusta mucho. Para quien como yo vive de esto, promocionar la magia tiene que ver también con interesar a  instituciones, entidades y patrocinadores, demostrándoles que el nuestro es un arte que merece la pena promocionar y apoyar.

A los magos que se apuntan a un congreso nos interesa poco este aspecto. Nos fijamos sobre todo en las conferencias, en el último método para hacer aparecer una carta, la feria mágica, las galas… y creo que también en éste aspecto han triunfado. Ya se pueden lamentar los que, como Pepe de Tenerife, me decían en comentarios previos que se mordían las uñas de los pies por no tener más cerca Vitoria. Como botón de muestra la gala del Teatro Principal, que ha quedado en mi retina como la mejor después de la que se pudo ver también aquí en el Congreso Nacional de 1996 con Salvano, Markus, Jason Byrne, Pepe Regueira, Mac King, Netcheporenco, Darren Romeo y un Sylvester the Jester que volvió loco a todo el mundo. No pretendo hacer una crónica del festival ni de los espectáculos, pues me perdí unos cuantos y necesitaría mucho tiempo. No sufrir que hay foros donde sin duda lo harán. Aún así, no puedo resistirme a destacar la actuación de Malo Malísimo con los niños, las de calle con Morrison, Radagast y Daba y Cielo con su telepatía, la  de Aldo Colombini tras la cena de gala -desternillante-, las conferencias de Antonio Romero, Yigal Mesika o Kevin James y las actuaciones en la gala de escena de Soma, de Mirko con su desatada lengua, de Kevin James representando su tan conocido video donde parte a un enfermero por la mitad con una sierra mecánica y lo recompone con grapas, o de David Kaplan, con su número cómico donde una bola de bolos lo mismo flotaba hasta el techo, como caía sobre un valiosísimo ukelele.

Para mi, lo mejor del festival fue estar en la salsa, las charlas con los amigos, las cenas, descubrír que mi inglés, aun siendo malo, daba para entenderse bastante bien con artistas que conoces de las revistas y tras unos vinos, se sienten con ganas de hablar de los porqués de su forma de actuar, de cómo desarrollar una presentación, de su experiencia, su filosofía… Y cómo no, aún flipo con que me dieran la oportunidad de presentar “Me lo enseñó mi abuelo” en el festival.

¡Magialdía 2009 ha muerto, viva Magialdia 2010!