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LA AUTOCRÍTICA

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El pasado sábado tuve una actuación en Tudela a la que llevé dos maletas con diferentes espectáculos, pues no tenía claro el público que iba a tener delante. Una vez allí me encontré aproximadamente con un 80%  de público adolescente, cosa extraña pues no acuden con frecuencia a los actos que se organizan para ellos. Si exceptuamos los conciertos, en el resto de espectáculos no se sabe cómo tratar con ellos y no vuelven a fiarse de lo que les programan. En mi caso les presento espectáculos de adultos

El pasado sábado me encontré ante un auditorio con un 80% de adolescentes -más o menos- y por suerte, al no tener muy claro el público que me iba a encontrar, había llevado 2 maletas con espectáculos diferentes. Acerté. lo pasé estupendamente y eso se nota

Ayer, Fernando de “La Canica Roja”, me reenvió un correo donde le agradecían haberme programado dentro de las actividades que celebraban en Tudela; nos daban la enhorabuena por mi actuación, y claro, eso gusta mucho y el ego lo agradece.

Lo cierto es que no me han escrito muchas cartas de estas, pero me doy por servido con ver las caras del público mientras actúo. Creo que son un buen indicador de cómo lo estoy haciendo. A menudo me felicitan al acabar una sesión, pero otras veces no lo hacen y no quiere decir que lo hiciera mal. A todos nos da cierto pudor acercarnos a un artista para agradecerle si nos hizo pasar un buen rato y también hay mucha diferencia de respuesta según las zonas geográficas donde actues. Por otro lado está claro que el público te dirá si le gusta o no con sus gestos, sus risas, sus aplausos… o la falta de ellos, pero puede que no haya visto más espectáculos de magia -en mi caso- y por tanto no tiene un criterio formado en ese área. Los familiares o amigos en general no son muy fiables, puesto que si les preguntas qué les ha parecido te dirán que estupendo, a no ser que les pidas expresamente que te valoren en todos los aspectos, pues quieres mejorar y te importa realmente su opinión. Aquí no vale enfadarse si las críticas no son lo que esperábamos, o habremos perdido la sinceridad de esa persona para futuras ocasiones.

Tenemos varias herramientas; En los ensayos están el espejo (¿?) y la grabación en vídeo, cuando ya está un poco más montado, alguien cercano que vea espectáculos con frecuencia y tenga un criterio. Por último antes de presentarlo en público yo suelo juntar a unos cuantos amigos de diferentes ramas del espectáculo   para que lo valoren desde todos los puntos de vista – teniendo en cuenta el público al que se dirige y los espacios para los que está diseñado. Y me han dicho de todo, desde que no podía salir con los zapatos sucios, pasando por los “tics” de los que no me daba cuenta, hasta que no vocalizaba bien. Y aquí me tenéis procurando lustrar los zapatos o acudiendo al logopeda a mis años.

debemos tener un crítico dentro que encuentre vias de mejora, porque puede que otros lo hagan perfecto, pero yo hace tiempo que disfruto sabiendo que el camino no tiene final. Que como en todos, lo bonito y divertido, es que cada meta sea solo una etapa en él.

es uno el que sabe lo que puede dar de si su espectáculo porque ya lo ha hecho muchas veces y lo ha vivido en su mejor y su peor representación. Creo que si tu intención como artista es mejorar, debe centrarse en lo que le falta y no en el alago de quien te vio que a menudo Lo sorprendente, lo entretenido, la interrrelación con el público, si los involucraste a todos, si vocalizaste bien, si elegiste bien a los voluntarios, si se lo pasaron bien sobre el escenario o estuvieron a disgusto elegido bien

Hace años asistí a una gala de magia de mi sociedad donde unos practicaban su número, otros estrenaban cosas y algunos debutaban, y como a veces ocurre, fue un pequeño desastre. Más que nada porque la prepararon deprisa y corriendo, y en un local con demasiado aforo.  Al acabar llegaron los abrazos familiares, besos de novias y palmaditas en la espalda.

Al día siguiente nos volvíamos a reunir y mi sorpresa fue que en lugar de comentar los fallos y cómo solventarlos, reinaba un ambiente de exaltación apuntando a que había sido una gala maravillosa. Y ahí cometí yo un error de bulto diciendo que me había parecido mala. Ya es bastante mal trago el que se pasa cuando sales a escena. Máxime cuando pretendes hacer una “pachanga” para los amigos y tu trabajo es otro.

Yo me flagelaba, ya de aficionado, pensando que tendría que haber hecho mejor esto o aquello y lo sigo haciendo porque siempre hay algo que mejorar. Como casi todos, aprendo a base de errores y los he tenido gordísimos y mi triunfo es que cada vez son menores, o incluso imperceptibles para el espectador medio. Si al acabar un espectáculo le preguntas a un amigo qué le pareció, te dirá que “Muy bien”, y a veces será verdad, pero hay que tener en cuenta que si lo has hecho fatal te dirá lo mismo. ¿Quien le pone el cascabel al gato? ¿Quien le dice a la cara a otro que huele mal?más que por educación es generalmente quienes te ven, te felicitan. Aunque les preguntes para que te saquen fallos, suelen ser muy condescendientes con lo que has hecho

El caso es que yo estoy acostumbrado a que me critiquen. Tengo amigos de distintas artes escénicas a quienes habitualmente pido que valoren no sólo si les ha parecido mágico o se veía algo desde algún ángulo, también si era divertido, si estaba bien presentado, si tenía ritmo… y me he llevado muchas sorpresas:  Todo esto me ayuda más que grabarme en video. ¡Qué deciros del espejo!…

preguntara a sabiendas de que le diría la verdad. Lo cierto es que nadie pidió mi opinión.