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El mago, con mucha gracia,
hizo entrar a su asistente en la caja y comenzó
a atravesarla con largas y finas espadas. Enseguida el
público aplaudió eufóricamente al
mago, gritando vivas y hurras, haciendo de aquella una
presentación tan exitosa, que la asistente esperó,
siempre sonriendo, a que todos salieran del teatro, para
entonces si, morirse."
(Rubén Martínez) |
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