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El mago llenó de música el aire,
pero el auditorio no entendió.
Luego hizo brotar flores amarillas de las piedras, pero nada.
Después dejó salir de su varita mágica estrellitas
que se posaron suavemente en el pensamiento de cada persona, y de nada
sirvió.
Entonces, cuando la gente se estaba levantando para irse aburrida, el
mago, triste, sacó un conejo del sombrero, convirtió agua
en vino, y desapareció una paloma.
Ahora sí, el público supo que él era un mago de verdad
y le aplaudió.
(Rubén Martínez)
Don Quijote de
Pan Había una vez un mago que lo que
más le gustaba era hacer magia, así que puso un cartel en
la puerta de su casa en el que se leía: "Mago profesional.
Se hace magia por encargo". Pero resulta que hoy en día nadie
cree en la magia y por eso no fue ningún cliente y el mago tuvo
que cerrar.
Para no morirse de hambre, decidió hacerse
panadero (que era el segundo oficio que más le gustaba) y como
se arrendaba la panadería del pueblo, pues decidió cogerla.
Al principio todo fue bien, el mago panadero disfrutaba
amasando y dando forma a las barras de pan, buscaba nuevos sabores, nuevas
texturas... Y hasta la gente de los pueblos cercanos iba a su panadería
a comprar el pan.
Pero poco a poco, y casi sin darse cuenta, empezó
a escapársele algo de magia. No lo podía evitar, era mago
antes que panadero. Y comenzaron a suceder cosas extraordinarias: barras
de pan que pedían llorando que no las trocearan, barras de pan
que se defendían a mamporro limpio, barras de pan que huían
y se escondían… Por lo que la gente, atemorizada, dejó
de comprar el pan en aquella panadería.
De nuevo el mago panadero se quedó sin clientes
y sin trabajo. Y con el agravante de que en esta ocasión en la
trastienda de la panadería, había un montón de masa
de pan que se estropearía si no se cocía pronto.
El mago tuvo una idea. Estaba leyendo un libro titulado
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y pensó que quizás
sería divertido hacer un don Quijote de pan. Lo amasó con
arte y con cariño, haciendo un precioso don Quijote de pan a tamaño
natural. Pero seguía sobrando masa, así que hizo un Sancho
Panza, un Rocinante y un burrito. Le dio lo justo para las cuatro figuras
a tamaño natural.
Después las metió en el horno, y cuando
estuvieron doradas y esponjosas, en su punto, las sacó y con un
par de fórmulas mágicas, les dio vida.
Al verse revividos, don Quijote, Sancho, el burrito
y Rocinante se pusieron muy contentos, sobre todo Sancho Panza que descubrió
que estaba hecho de pan y pensó que si tenía hambre, se
podría comer a sí mismo.
En un principio el mago había hecho aquello
por pura diversión, pero cuando vio allí a don Quijote de
Pan y Sancho de Pan, se le ocurrió que seguramente servirían
para algo de mayor provecho. El mago preguntó a don Quijote sobre
lo que le gustaría hacer. Don Quijote dijo que desfacer entuertos
y arreglar los problemas de la gente. Esto alegró mucho al mago
que, además de mago, era sabio (porque era viejo), y pensaba que
con lo que él sabía y con lo que le ayudaran don Quijote
y Sancho, seguro que encontrarían la solución a todos los
problemas que acucian al mundo.
Así que se pusieron manos a la obra. El mago
y las dos figuras de pan pasaban horas y horas, días y días,
semanas y semanas, hablando de los problemas (el hambre, la injusticia,
la contaminación, la intolerancia…) que tenía la Humanidad,
y poco a poco lograron encontrar soluciones. Hasta que llegó el
día en el que tenían la respuesta para acabar con todos
los males del mundo. Habían pasado muchos meses y ya don Quijote
y Sancho estaban preparados para salir a los caminos a resolver problemas.
Decidieron que al día siguiente se marcharían.
A la mañana siguiente, muy temprano, don Quijote
de Pan y Sancho Panza de Pan con sus monturas salieron de la panadería.
El mago, desde la ventana, triste, les deseaba suerte y se despedía.
Era una mañana fría, de invierno, había
una suave capa blanquecina de niebla a ras de suelo. Don Quijote de Pan
y Sancho Panza de Pan marchaban despacio, no había prisa, tenían
todo el tiempo del mundo para resolver problemas, y sabrían como
hacerlo. Y así iban cuando justo a la salida del pueblo, en la
primera curva que hacía el camino, una bandada de pájaros
hambrientos, que por ser invierno estaban doblemente hambrientos, se pusieron
a picotear a don Quijote de Pan y a Sancho Panza de Pan y en muy poco
tiempo no dejaron ni las migas.
Por eso hoy en día continúa habiendo problemas en el mundo.
Por eso debemos seguir esforzándonos para tratar de encontrar soluciones
(Pep Bruno)
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