OLD MAN RIVER - RENÉ LAVAND
Domingo, Mayo 30th, 2010He aquí una joyita del maestro que no me puedo resistir a poner. Disfrutadla
No me había pasado nunca, dijo mientras se arrepentía de las palabras que salían de su boca.
Las arpías sonreían, como hiciera aquel mago cuando consintió por fin convertir a su amante esposa en dos chavalas de 20 años
Sísifo Benevá
He aquí una joyita del maestro que no me puedo resistir a poner. Disfrutadla
De nuevo, los amigos de Magialdia nos han dado la oportunidad de disfrutar del maestro René Lavand con motivo de la presentación del festival, en su edición 2010, entre el 13 y el 19 del próximo Setiembre.

Le llamo maestro, porque aunque no pueda alardear de ser alumno suyo, algo se me ha quedado de tanto estudiarlo. También porque ha inspirado la mezcla de narración y magia que caracteriza alguno de mis espectáculos, aunque sea en un registro completamente diferente al suyo.
A él, la originalidad le vino dada por disponer sólo de una mano con la que grabar en nuestras mentes su destreza con los naipes. No falta quien piense que, en este mundo de engaños a ojos vista, no utiliza la diestra porque le sobra para ganarse a la audiencia. Más para la leyenda, pero es que realmente le sobra. ¡Qué no haría con las dos!… y a lo peor nos hubiéramos perdido a un genio, que sin necesidad de espolearse por su carencia, por crear nuevas técnicas que se adecuaran a su mano izquierda, pudiera haberse conformado con una existencia normal.
Como él suele decir: “Ventajas de tener una sola mano…”, y es que además, lo que dice lo dice muy bien. Es un consumado narrador que engancha, sorprende y emociona con sus historias, su presencia y sus pausas.
René Lavand, creador de la “Lentidigitación” como alternativa a la prestidigitación. Alguien de quien aprender. Un ARTISTA
Aquí van tres pildoritas más:
El mago estaba tan acostumbrado a ver las caras de asombro en sus espectadores, que no sospechó que la anaconda se le venía encima.
El mago echó unos polvos mágicos y su amante, por si desaparecía, empezó a sacudirle con lo que tenía a mano.
El mago aventó aquellos trozos de papel mojado convirtiéndolos en una densa y poética nevada. Acabada la actuación, las mujeres de la limpieza lo abatieron en una justa venganza gremial.
Sísifo Benevá
Aquello de la deformación profesional y un sobrino “postizo”, me empujaron a acercarme a una plaza donde actuaba un mago. Algunos problemas técnicos hiceron que se retrasara unos 40 minutos. ¡QUÉ SUERTE!, brincaba Iker que llevaba toooda la tarde empeñado en que le sacara monedas de las orejas. ¡¡QUÉ SUERTE!!, me dijo su padre tras el número musical de floripondios. ¡¡¡QUÉ SUERTE!!!, me susurró la madre de Iker cuando el mago lo eligió como ayudante en el juego de la guillotina.
La vistosísima ayudante trajo el aparato, bastante bueno también. Turno para el SEÑOR MAGO. No se olvidó de uno solo de los chistes que impepinablemente acompañan al juego, aunque Iker seguía eufócrico y pedía que no sólo le cortaran la mano Izquierda, que tenía examen en unos días y si le cortaba la derecha, tendría excusa para no hacerlo. La verdad es que se lució. Estuvo saladísimo y se llevaba al público de calle. El mago, por su parte, no sabía qué hacer. Aquella posibilidad no estaba en el folleto de instrucciones… El resto del espectáculo no estuvo mal, acabó rápido. ¡¡¡¡QUÉ SUERTE!!!! dije yo buscando una tila YA!!.
Hombre Diego, ¿Qué tal? Me saludó al paso el artista - Pues bien, un poco flojo de curro… A mi él no me sonaba ni de vista, cosas de la edad. -No, el espectácul0, ¿qué te ha parecido? - Bien, ha estado majo (hace tiempo que miento cuando está claro que es lo que se espera). Pero por algún motivo que no alcanzo a entender, me insistió pidiendome una crítica pormenorizada. Juro que intenté escabullirme, pero el fresco recuerdo de cuanto acababa de ver- que bramaba por ser expresado en palabras-, se resarció cuando volvió a pedirme que le hiciera una valoración SINCERA! juego a juego. Verdad es que lo que él quería era que le diera parabienes por cada uno de ellos, y aunque en justicia no pude felicitarle, lo compensé de largo con mi SINCERIDAD, que es una de las virtudes que me adornan. Lo que no recordaba yo es que tuviera taaan afilada esta virtud. No os preocupéis, seguro que a él no le afectan estas cosas.
Creo firmemente que los espectáculos de calle son positivos. Yo jugaba en la calle y allí se hacía la vida social, aunque salvo en fiestas era rarísimo encontrarte con una actuación. En las ciudades grandes había calles donde habitualmente podías ver artistas que a veces eran muy buenos, pero ahora los encuentras en mayor o menor medida en cualquier ciudad o barrio y ya no son sólo aquellos héroes pasando la gorra para ganarse la vida con su sueño. Con tantas peatonalizaciones toca “animar” la calle y algunos hacemos magia, infantil para más INRI. No estamos bien valorados en el mundo mágico pero creo que ejercemos en uno de los espacios más complicados y que dan más visibilidad a nuestro arte, pues aunque sea más bonito y cómodo trabajar en el teatro, aún nos queda mucho como colectivo para dar ése paso. Ya me gustaría ver a más de uno bregando con los mil y un motivos de distracción que pueden surgir fuera del respetuoso silencio que imponen esos templos del ARTE.
Es diferente, ya lo sé. Seguramente a mí me resultaría más difícil actuar en un teatro con foso que con el público cerca, pero supongo que es como acostumbrarse a lo bueno, que se consigue rápidamente y después no sabes qué hacer en una situación como la que tuvimos este pasado Domingo en Bilbao. Como andaban anunciando mal tiempo, tenía vistas las predicciones de la web y auguraban un 65% de probabilidades de lluvia, así que ya preveíamos que pudiera ser un viaje baldío, “Aunque yo si el público aguanta, actúo”, le decía a Julián que me iba a poner la música. Una vez allí montamos el tinglado intentando protegernos más del viento que de la lluvia que parecía respetarnos y nos ubicamos en una peatonal que confluía en la Pza. Aita Donosti. El grupo de danzas del barrio congregaba al público mientras acabábamos de prepararlo todo: pesos en cada pata de la carpa, vientos para que no se nos volara la carpa, el equipo, la actuación en sí… El viento pareció esperar a que empezáramos para convertirse en la galerna que acabó levantando en el aire la carpa -pena de fotos…- Me tiraba los trastos, me movía la mesa, tuvimos que bajar un bafle de su trípode porque parecía que lo tiraba…, pero el público seguía milagrosamente enganchado y curioso, aunque no sé muy bien si de mi magia o de cómo salía de aquella. Ellos aguantaban aunque a algunos ya les llamaban a comer y si lo hacían en un día frío, con viento de 40-50 km/hora y sentados en el suelo, ¿porqué no iba a seguir yo?. Cuando acabó la actuación y recogimos, empezamos a comentar que tal vez tendríamos que haber suspendido la actuación, que seguro que si, pero aunque no diera lo que suelo dar en condiciones normales me alegro de haberlo hecho, ¿o es que no estaba haciendo lo que me gusta y por lo que me pagan?. O parafraseando a los míticos LEÑO, “Voy aprendiendo el oficio, olvidando el porvenir, me quejo sólo de vicio. Maneras de vivir”. “No sé si estoy en lo cierto, lo cierto es que estoy aquí. Otros por menos se han muerto. Maneras de vivir”
Siempre procuro -por razones obvias-, dar las mayores facilidades al cliente y adaptarme en la medida de lo posible a sus necesidades. A menudo me aterra el local donde se piensa hacer la actuación, la altura del escenario, o los actos que paralelamente se planean -como entregar regalos, dar una merienda, o la presencia durante el acto de Papá Nöel-, pues la experiencia me indica que son causas más que probables de desastre. Vale que para quien contrata lo importante son esos actos y mi actuación -o la de otros-, es lo “añadido” para dar algo más de empaque, pero dado que TODO cuesta un dinero / esfuerzo, digo yo que habrá que sacarle el mayor partido a cada cosa. Es por esto que me atrevo a aconsejar a quienes quieran organizar este tipo de actos, que se dejen guiar por los profesionales que contratan. Puede que Uds. organicen el acto todos los años, pero un buen profesional tiene cientos de experiencias en la materia y puede evitarles algunos fallos garrafales.
A modo de ejemplo recuerdo una vez en la que a mitad de actuación las madres empezaron a repartir entre sus retoños un vaso de chocolate con bizcochos, y otras menos complacientes les gritaban a los suyos: “Ir a cogerlo, que se enfría”.
Tampoco estuvo mal aquella en que los Reyes Magos -siguiendo su agenda- asistieron a la actuación sentados en aparatosos sillones flanqueados por pajes y autoridades. Delante de ellos, en el suelo, un grupito de casi neonatos gateando por el escenario pues ni su GPS, ni el sentido común de sus progenitores les indicaba nada en contra. Detrás, el resto de chavales junto al pueblo llano. Añádanle a esto el excesivo calor de la sala e imaginen a la sufrida monarquía cocida entre ropajes pelucas y moreno de bote, aguantando la justificada rabia del pueblo que no podía ver la actuación y les tiraba “indirectas”, pipas, papeles… Los monarcas acabaron cediendo a la presión popular -o directamente a sus instintos- y se bajaron al bar. Las autoridades casi en su totalidad les siguieron y el pueblo quedó así a merced de este mago sin pedigrí, que por fin pudo hacer lo que mejor sabe, en condiciones. Lo que no sé es si aquella noche repartieron sus regalos al díscolo populacho.
El otro día tras la actuación se me acercó un espectador felicitándome por la actuación, pero pronto me reveló que su franca sonrisa tenía 2ª parte. Y es que me había pillado el truco en un juego en el que unos billetes gigantes de 1000 pts cambian a otros de 2, 5 y 10 mil. “He visto el brillo en los dedos y luego me he dado cuenta de que eran en 3D” “Vaya, que te has dado cuenta de que eran hologramas” -le dije siguiendole el rollo- y me regaló una maravillosa sonrisa de satisfacción a la que correspondí con un “No se lo digas a nadie ¿Vale?”
Se me olvidaba comentar que al marchar de L’Aleixar Olga me regaló a Homero, un perrico más majo… ni ladra, ni se mea, ni me va dejando pelos por el sofá -que eso siempre le molesta a un calvo porque le trae recuerdos- y como es de globo, ni siquiera hay que alimentarlo o sacarlo a pasear. Os aclaro que es de esos que llevan unas patitas de papel y no se elevan sino que se quedan con ellas apoyadas en el suelo. Me hizo gracia llevármelo hinchado de vuelta en el tren, así que me despedí de Gilbert en la estación y me fui apuradito para el AVE. Homero a ratos iba por el suelo, a ratos flotaba detrás mío. En el check point, con cara muy seria, me hicieron meterlo junto a las maletas por el escáner para ver si llevaba algún alijo dentro y unos metros después, las railomozas que tenían que darme el embarque me dijeron que no podía llevar al perro suelto, que lo tenía que meter en una caja. Al principio flipé -“Si lo llevo con correa”-, pero en seguida me di cuenta de que aunque lo habían visto, no se habían fijado en que era de globo, así que empecé a prometerles que no ladraría ni mordería a nadie. -“No es posible señor”. -”Pero si no se va a mear ni nada”. -“Es el reglamento” -”Y qué quieren que haga…” -“Eso Ud. sabrá. Yo solo le informo” -” ¡Ya está!… ¿Tienen un cuchillo?” - “¡¡ SEÑOR !!” -”Pero si no va a hacer nada, es muy bien mandado. Salta aquí Homero”- Y tiré del cordel, con lo que se plantó de golpe sobre el mostrador dándoles un susto monumental a las azafatas que también pegaron un bote… Luego, aún con la mano en el pecho del susto, echaron a reir al verlo tan salao y tan… de globo. Se atusaron el pelo y colocaron la falda mientras buscaban una cámara oculta y ya vueltas al decoro nos dieron paso, ahora sí, con una sonrisa. Bon Voyage
El mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, otro y desapareció la guerra. Entonces llegó el político, hizo un gesto y desapareció el mago.
Parece ser de Woody Allen
Hete aquí un libro con vocación de best seller que tiene como protagonista a un mago. La verdad es que me lo regalaron Sonia y Carles -o viceversa- por mi cumpleaños y me generaron muchas espectativas sobre él. Al principio pensé que producirían el efecto contrario puesto que cuando te insisten mucho en algo…, pero no. Tras leer poco a poco las primeras páginas me enganché hasta la quinientos y pico del final.
Hay que reconocer que Enrique de Hériz, su escritor, se ha documentado sobre el tema o conoce al que sabe, le ha dejado hablar y luego ha compuesto la obra con su oficio y diligente pluma. Un poco de cada, pues parece que ha asistido a algunas clases de magia y le habrá pagado unas cuantas cañitas a su maestro Josep Mª del “Rey de la magia”, del que sin duda habrán salido algunos datos y anécdotas. Que no se entienda esto como una crítica pues si un escritor debiera convertirse en experto de cada tema que aborda en sus creaciones, no le quedaría tiempo para escribir. También la novela trata la ceguera y espero que no haya ido más allá de practicar con una venda o informarse entre invidentes y técnicos de la ONCE. En esto reside la capacidad de un buen libro para cautivar, en transmitir con visos de veracidad los hechos o sensaciones que narra, y a mi me los ha transmitido.
Victor Losa, el alumno ideal, acierta a encontrar al mejor maestro de magia y pone en sus manos su vida hasta llegar a ser el mejor mago del mundo. Pero es justo en el zénit de su profesión cuando la vida le sorprenderá haciendo desaparecer el mundo que conoce, obligándole a enfrentarse a sus demonios internos.
Un placer de lectura.