MÁS CUENTITOS
Aquí van tres pildoritas más:
El mago estaba tan acostumbrado a ver las caras de asombro en sus espectadores, que no sospechó que la anaconda se le venía encima.
El mago echó unos polvos mágicos y su amante, por si desaparecía, empezó a sacudirle con lo que tenía a mano.
El mago aventó aquellos trozos de papel mojado convirtiéndolos en una densa y poética nevada. Acabada la actuación, las mujeres de la limpieza lo abatieron en una justa venganza gremial.
Sísifo Benevá