MÁS MADERA

Creo firmemente que los espectáculos de calle son positivos. Yo jugaba en la calle y allí se hacía la vida social, aunque salvo en fiestas era rarísimo encontrarte con una actuación. En las ciudades grandes había calles donde habitualmente podías ver artistas que a veces eran muy buenos, pero ahora los encuentras en mayor o menor medida en cualquier ciudad o barrio y ya no son sólo aquellos héroes pasando la gorra para ganarse la vida con su sueño. Con tantas peatonalizaciones toca “animar” la calle y algunos hacemos magia, infantil para más INRI. No estamos bien valorados en el mundo mágico pero creo que ejercemos en uno de los espacios más complicados y que dan más visibilidad a nuestro arte, pues aunque sea más bonito y cómodo trabajar en el teatro, aún nos queda mucho como colectivo para dar ése paso. Ya me gustaría ver a más de uno bregando con los mil y un motivos de distracción que pueden surgir fuera del respetuoso silencio que imponen esos templos del ARTE.

Es diferente, ya lo sé. Seguramente a mí me resultaría más difícil actuar en un teatro con foso que con el público cerca, pero supongo que es como acostumbrarse a lo bueno, que se consigue rápidamente y después no sabes qué hacer en una situación como la que tuvimos este pasado Domingo en Bilbao. Como andaban anunciando mal tiempo, tenía vistas las predicciones de la web y auguraban un 65% de probabilidades de lluvia, así que ya preveíamos que pudiera ser un viaje baldío, “Aunque yo si el público aguanta, actúo”, le decía a Julián que me iba a poner la música. Una vez allí montamos el tinglado intentando protegernos más del viento que de la lluvia que parecía respetarnos y nos ubicamos en una peatonal que confluía en la Pza. Aita Donosti. El grupo de danzas del barrio congregaba al público mientras acabábamos de prepararlo todo: pesos en cada pata de la carpa, vientos para que no se nos volara la carpa, el equipo, la actuación en sí… El viento pareció esperar a que empezáramos para convertirse en la galerna que acabó levantando en el aire la carpa -pena de fotos…- Me tiraba los trastos, me movía la mesa, tuvimos que bajar un bafle de su trípode porque parecía que lo tiraba…, pero el público seguía milagrosamente enganchado y curioso, aunque no sé muy bien si de mi magia o de cómo salía de aquella. Ellos aguantaban aunque a algunos ya les llamaban a comer y si lo hacían en un día frío, con viento de 40-50 km/hora y sentados en el suelo, ¿porqué no iba a seguir yo?. Cuando acabó la actuación y recogimos, empezamos a comentar que tal vez tendríamos que haber suspendido la actuación, que seguro que si, pero aunque no diera lo que suelo dar en condiciones normales me alegro de haberlo hecho, ¿o es que no estaba haciendo lo que me gusta y por lo que me pagan?. O parafraseando a los míticos LEÑO, “Voy aprendiendo el oficio, olvidando el porvenir, me quejo sólo de vicio. Maneras de vivir”. “No sé si estoy en lo cierto, lo cierto es que estoy aquí. Otros por menos se han muerto. Maneras de vivir”

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