VITORIA, CAPITAL EUROPEA DE LA MAGIA

Así de entrada puede sonar un poco pretencioso pero bien pueden sacar pecho por ello. Las grandes ciudades tienen más fácil el ser reconocidas como capitales de algo y una relativamente pequeña, tiene que repetirlo no sólo para que  a las demás les vaya entrando, sino para creérselo ella misma. La ciudadanía de Vitoria -en general- tiene criterio   a la hora de ver magia, saben lo que les gusta y no les vale cualquier cosa. No en vano en esta edición de Magialdia ha habido más de 50 espectáculos, la mayoría en la calle y gratuitos, donde se ha podido ver a algunos de los mejores de nuestro arte. Todas las actividades estaban abarrotadas de un público que a pesar de la intermitente lluvia, aguantó  a pie firme disfrutando de los espectáculos.

Los magos de la AIA llevan más de 20 ediciones ofreciendo sus propuestas y este año han conseguido un gran reconocimiento, siendo Patxi Viribay como director del festival, el encargado de dar el pregón de las fiestas de “La Blanca”. Vistieron de magia la bajada del Celedón con efectos ideados para la ocasión por Josean, y rodeados por un montón de voluntarios, consiguieron que el XXI Magialdia fuera un nuevo éxito. Y lo fue porque se cuidaron los detalles que no se ven, los previos para conseguir apoyos, con los artistas para que sintieran que participaban en algo especial y los del último minuto para que nada fallara. Interesaron a los medios y éstos alimentaron la expectación de un público que luego acudió en masa e hizo patente que la buena magia gusta mucho. Para quien como yo vive de esto, promocionar la magia tiene que ver también con interesar a  instituciones, entidades y patrocinadores, demostrándoles que el nuestro es un arte que merece la pena promocionar y apoyar.

A los magos que se apuntan a un congreso nos interesa poco este aspecto. Nos fijamos sobre todo en las conferencias, en el último método para hacer aparecer una carta, la feria mágica, las galas… y creo que también en éste aspecto han triunfado. Ya se pueden lamentar los que, como Pepe de Tenerife, me decían en comentarios previos que se mordían las uñas de los pies por no tener más cerca Vitoria. Como botón de muestra la gala del Teatro Principal, que ha quedado en mi retina como la mejor después de la que se pudo ver también aquí en el Congreso Nacional de 1996 con Salvano, Markus, Jason Byrne, Pepe Regueira, Mac King, Netcheporenco, Darren Romeo y un Sylvester the Jester que volvió loco a todo el mundo. No pretendo hacer una crónica del festival ni de los espectáculos, pues me perdí unos cuantos y necesitaría mucho tiempo. No sufrir que hay foros donde sin duda lo harán. Aún así, no puedo resistirme a destacar la actuación de Malo Malísimo con los niños, las de calle con Morrison, Radagast y Daba y Cielo con su telepatía, la  de Aldo Colombini tras la cena de gala -desternillante-, las conferencias de Antonio Romero, Yigal Mesika o Kevin James y las actuaciones en la gala de escena de Soma, de Mirko con su desatada lengua, de Kevin James representando su tan conocido video donde parte a un enfermero por la mitad con una sierra mecánica y lo recompone con grapas, o de David Kaplan, con su número cómico donde una bola de bolos lo mismo flotaba hasta el techo, como caía sobre un valiosísimo ukelele.

Para mi, lo mejor del festival fue estar en la salsa, las charlas con los amigos, las cenas, descubrír que mi inglés, aun siendo malo, daba para entenderse bastante bien con artistas que conoces de las revistas y tras unos vinos, se sienten con ganas de hablar de los porqués de su forma de actuar, de cómo desarrollar una presentación, de su experiencia, su filosofía… Y cómo no, aún flipo con que me dieran la oportunidad de presentar “Me lo enseñó mi abuelo” en el festival.

¡Magialdía 2009 ha muerto, viva Magialdia 2010!

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